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Tdm 2017 Min

El Tour de Montblanc, vatio a vatio

Lo que parecía lejano en el calendario, se fue acercando. El reto deportivo para este año sería el mayor de todos hasta la fecha. Este año participaba en el Tour de Montblanc. Los organizadores del evento, y algunos medios de comunicación, la anuncian como la marcha ciclista de un sólo día más dura del mundo. Y seguramente tengan razón. La ruta cubre 330 kilómetros y acumula casi 8.000 metros de desnivel, pasando por tres países (Francia, Suiza e Italia).

El del año presentaba además una complejidad añadida, tendría que preparar la ruta por el corazón de los Alpes, viviendo en Holanda. Como sabréis, los Países Bajos se llaman así por algo. Un territorio completamente plano y con una climatología un tanto complicada para la práctica del . Así que no quedaba otra, de la mano de Resistentia, tendría que afinar en la preparación a base de (muchas) horas de rodillo en casa y largas etapas contra el viento holandés. Muchas horas dando pedales en solitario donde la cabeza era tan importante como las piernas. Sin duda, no habría podido lograrlo sin el apoyo incondicional de mi mujer. No soy tan fuerte.

Para completar la preparación, incluimos también la participación en algunas marchas ciclistas “tradicionales” como la Rompepiernas o Sierra de Gúdar, o alguna más especial, como la clásica por excelencia, la Liege-Bastogne-Liege (impresionante el reportaje gráfico  de Pablo). En definitiva, muchas horas, muchos kilómetros, mucha lluvia (y nieve), pero mucha ilusión.

Nos vamos a los Alpes

Tour de Montblanc 2017 salida

Desde el principio lo habíamos decidido, iríamos a pasar toda la semana de antes de la por la zona. Desconectaríamos de todo (nos hacía falta tras unas últimas semanas duras) en un entorno natural inmejorable y me permitiría aclimatar un poco las piernas al tipo de carreteras y puertos de montaña que me esperaban.

Sin duda, estar allí unos días antes fue un gran acierto y uno de los factores que contribuyeron decisivamente a que pudiera completar con éxito el reto. Además, tuve ocasión de decidir sobre la comida, ropa y complementos que llevaría en la marcha, y de reconocer sobre la bicicleta alguno de los puertos, especialmente el primero (que bajaríamos de noche) y el último (que subiría arrastrándome al final). Uno de los días, aprovechamos también para hacer todo el recorrido en coche.

Antes de empezar la marcha tenía varias preocupaciones. Principalmente, las bajadas (hacerlas previamente con el coche no me ayudó para cogerles confianza), empezar bajando un puerto de noche, llevar la ropa adecuada, la comida suficiente, las luces, …. Y en menor medida, aunque parezca extraño, los kilómetros y las subidas.

Conforme se acercaba el momento de la salida, algunos miedos iban desapareciendo. Contar con la experiencia en este tipo de rutas del gran Miguel Angel Granero también ayudó a mantener la calma ,y recordar que se trataba de ir regulando en todo momento. Fue un placer coincidir con él y seguro que nos volvemos a encontrar muy pronto.

Eran las 5 de la mañana, todavía noche cerrada pero no hacía demasiado frío. Ahí estábamos los más de 600 participantes de esta edición con nuestras luces. Qué raro se hace esto. Arranca el Tour de Montblanc 2017!

Analizando mi Tour de Montblanc 2017

Para explicar cómo fue el día, he elegido las siguientes dos gráficas: vatios y cadencia.

Tour de Montblanc 2017

En la gráfica de vatios he querido destacar algunos elementos clave. En primer lugar, la línea roja superior que marca mi umbral de trabajo (en torno a 4.1 w/kg) y que, salvo en momentos puntuales, no sobrepasé. Esta era una de las las ideas que tenía claras desde el principio: regular, regular, regular. Seguramente podría haber sido más conservador en el primer tercio del recorrido, pero iba metido en un grupo muy interesante que no quería perder (y que me reportaba grandes beneficios entre puertos). Además, las sensaciones estaban siendo muy buenas.

También he destacado dos franjas de color, en naranja el rango entre 200 y 250w (3.2 – 3.9 w/kg) y en azul, el rango entre 170 y 200w (2.7 – 3.2 w/kg). Claramente, la marcha se divide en dos mitades. Mientras las subidas de la primera mitad transcurren por la zona naranja (ligeramente por debajo del umbral), los tres puertos de la segunda mitad caen a la zona azul. Creo que hay dos factores principales que los explican.

El momento crítico de la marcha

El punto de inflexión parece darse a partir del kilómetro 200, que es justo la máxima distancia que he entrenado durante el año. Pero sobre todo, el tramo “llano” que hay entre los dos Bernardos (km 200-220) y que he marcado sobre la gráfica con el círculo rojo. En el descenso del Gran Bernard (el puerto de mayor altura) fui alcanzado por 3 ciclistas. Bajaban muy rápido y se les veía con mucha energía. Con algunos apuros estaba logrando seguir con ellos. Una vez terminó el descenso empezaba el tramo llano donde soplaba viento en contra. Iba cómodo con ellos pero llevaba puesto el chubasquero y hacia calor. Estaba sudando de más, pero no quería parar para quitármelo. Lo intenté en marcha con la mala fortuna que se enganchó en la rueda trasera. Finalmente me tocó parar, perdiendo tiempo y sobre todo, el grupo. Nooo!!

En ese momento, soy plenamente consciente que la marcha va a cambiar para mí. Decido comer, beber y tomarme con calma los 20 kilómetros que quedan hasta el inicio del siguiente puerto. Es lo inteligente. El problema fue que saliendo de un pueblo vi a lo lejos al grupo y pensé en alcanzarlos puesto que, una vez con ellos, podría recuperarme y ahorrar parte de las energías que estaba gastando en mi lucha solitaria contra el viento.

A los pocos kilómetros alcancé al grupo pero terminaría pagando este esfuerzo. Las sensaciones en el avituallamiento antes del puerto (primero donde paré a comer pasta) ya no eran las mismas. Tocaba empezar a sufrir.

La marcha de un sólo día más dura

Pasadas las semanas, parece que el esfuerzo sea menor pero sí hubo algunos momentos complicados, especialmente en los últimos 100 kilómetros.

Seguramente, el momento más duro se produce sobre el kilómetro 230-240, en plena ascensión al Pequeño Bernardo. Salgo del avituallamiento y empieza la subida. Al poco tiempo, me doy cuenta que las piernas ya no van como antes, que los vatios ya no salen con facilidad… y quedan más de 17 kilómetros para coronar!! Busco mi ritmo y trato de olvidarme de los vatios. Me quedo únicamente con dos referencias, la cadencia (que no baje de 60 pase lo que pase!) y los carteles que marcan el desnivel del puerto kilómetro a kilómetro. Poco a poco, la cima se va acercando, ya casi está.

En los últimos dos puertos la dinámica será parecida desde el inicio. Buscar el mismo ritmo (60-70 de cadencia y lo más que pueda acercarme a 200w). Conozco la última subida, tengo tomadas referencias y sé que si consigo llegar hasta allí, ya estará todo hecho. Así que sólo me queda un puerto que sufrir. El Cormet de Roselend se hará largo y eso que al principio parece que las fuerzas me volvían. De hecho, se ve el piquito de vatios empezando el puerto. Otro error. Aunque en esta ocasión, la pendiente me hace corregir pronto.

Descenso largo y rápido y ya está, sólo queda un puerto. 15 kilómetros a meta. Lo tenemos. Algún pequeño amago de rampa en el primer cuarto de puerto me hace acordarme que llegaré a meta con bastante comida en los bolsillos y que por qué no comer algo más. Conocer el puerto me fue de gran ayuda y, a pesar de que las piernas ya no querían, la subida se me hizo relativamente cómoda.

Luchando por mantener la cadencia

En cuanto a la gráfica de cadencia, la franja azul marca el zona entre 60 y 75 rpm. Esta fue una de mis obsesiones durante todo el día. Sabía que bajar de 60 era mi perdición y no podía permitirlo. Era consciente que, independientemente del ritmo que llevara y de las pendientes que me encontrara, no debía bajar de esa cadencia bajo ningún concepto. Como se ve, pude conseguir mantener este ritmo incluso en las dos últimas subidas, lo que me permitió no llegar fundido muscularmente a meta. Tengo que admitir que el piñón de 28 dientes (gentileza de B3 Bike) fue de gran ayuda en momentos puntuales y sobre todo, en la última ascensión.

Finalmente completé el recorrido en 14h32 a 22.7 kmh de media, según el diploma de finisher y, 13h35 a 24.7 kmh en Strava (descontando las paradas).

Y ahora, cómo sigue esto?

En definitiva, he disfrutado mucho de la experiencia y de la marcha. Volveremos. No en 2018, pero volveremos… pronto.

Me quedo con bastantes momentos de estos días en los Alpes, de los días previos y de la marcha en sí misma. Sinceramente, la esperaba más dura, más inaccesible, más momentos de duda y de sufrimiento. Creo que la hemos preparado muy bien a pesar de las dificultades y que ha valido la pena todas las noches de entrenamiento, todas las salidas con el viento de cara y la lluvia, las mañanas de soledad por las llanuras holandesas y los sacrificios varios.

Ahora, totalmente recuperado, ya empiezo a imaginar objetivos para 2018. Hay que seguir superándose. De momento, la temporada ciclista 2017 tendrá su cierre y última parada en Octubre con la Vuelta a Ibiza.

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